¿QUÉ APORTA MINDFULNESS AL TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN? 

depresión

Psicóloga Pilar Hernández

La depresión es un trastorno que afecta a un alto procentaje de la población general.

El uso clínico de la práctica del mindfulness dentro de los tratamientos psicológicos se ha desarrollado a gran velocidad. En este artículo revisamos cuáles son los elementos de mindfulness que pueden influir en el tratamiento psicológico para la depresión, y más concretamente en ámbito de la prevención de recaídas.

La depresión es originada por múltiples causas.  Según el modelo de Beck, en primer lugar habría que tener en cuenta las experiencias negativas tempranas

Éstas determinarían la aparición de esquemas o actitudes disfuncionales que se mantienen a lo largo de la vida, y son difícilmente accesibles verbalmente.

La depresión se originaría por la activación de dichas actitudes o esquemas disfuncionales debido a uno o varias situaciones estresantes en la vida de la persona: duelo, problemas de pareja, problemas laborales, etc. A consecuencia de esto, surgirían los pensamientos negativos típicos de la depresión, que se conocen como la “triada cognitiva” y que consiste en pensamientos negativos sobre uno mismo, sobre el mundo y sobre el futuro.

Una de las técnicas que principalmente se utiliza la terapia cognitiva para depresión, consiste en la identificación y cuestionamiento de esos pensamientos automáticos, y su posterior discusión en terapia, relacionándolos con las emociones asociadas y con las estrategias de afrontamiento. Se trabajan por tanto los contenidos de los pensamientos, separando los pensamientos racionales de los irracionales, ayudando a los pacientes a identificarlos y a modificarlos. Esta técnica se denomina Reestructuración cognitiva y es muy efectiva en el tratamiento de procesos agudos de depresión.

¿Qué novedades aporta  mindfulness?

Para Teslade, el mantenimiento del cambio y por tanto la evitación de recaídas deberá enfocarse en disminuir las rumiaciones  cambiando la relación que las personas tienen con sus propios pensamientos y sentimientos. Es aquí donde actúa mindfulness. El entrenamiento en mindfulness o atención plena, nos permite aceptar la experiencia (pensamientos, sentimientos, etc) sin cambiar ni juzgar nada, permitiendo que las cosas sean como son. Los pensamientos son meros productos de la mente, de los que nos hacemos conscientes para luego dejarlos marchar.

Las personas con depresión tienen una mayor probabilidad de estar centradas en sí mismas que las que no están deprimidas. Tradicionalmente muchos psicólogos han elegido técnicas de distracción para redirigir el foco de atención, ya que se trata de una auto-observación rumiadora y poco adaptativa.

Sin embargo, desde mindfulness no se proponen técnicas de distracción y sino que se entrena una auto-observación adaptativa que cumple con las siguientes características:

  1. La atención se dirige hacia lo que ocurre en el presente.
  2. No compara el estado actual con el ideal.
  3. No juzga lo que observa. (Sus pensamientos, sus emociones, a sí mismo, etc.
  4. Acepta lo no permanencia de la experiencia. (“Todo pasa”).
  5. Se trata a sí mismo con amabilidad.

Durante la práctica de la meditación en Atención Plena, la atención debe centrarse en la respiración y en las sensaciones del cuerpo mientras se está respirando. Es fácil que la atención se disperse y se vaya de un lado a otro. Se debe observar lo que sea que nos ha distraído para después volver con la atención a la respiración. Es importante que este “darse cuenta” de la distracción, se realice con aceptación, sin juicio, es decir, sin auto-castigo. Por el contrario, podemos felicitarnos porque al darnos cuenta de que nos hemos distraído, ya hemos vuelto con la atención al momento presente. La esencia de la meditación en atención plena consiste en este movimiento de atención-distracción-atención,           que el meditador experimente infinidad de veces mientras que realiza la práctica. Así se entrena la capacidad de tomar conciencia de los propios pensamientos y observarlos en un estado de calma mental. Al no juzgarlos se entrena una actitud de aceptación hacia ellos. Para Teslade el objetivo final del entrenamiento en midnfulness sería alcanzar la experiencia de percibir los pensamientos como pensamientos y no como reflejos de la realidad, sino que son meros productos de la mente.

Otro elemento importante sería la disminución de la reactividad cognitiva o el grado en el que los estados de disforia reactivan patrones de pensamiento negativos. Mindfulness facilitaría estrategias de auto-observación que facilitarían en darse cuenta de las primeras señales, favoreciendo la puesta en marcha de estrategias para la prevención de recaídas.

En los últimos años, ha habido un interés cada vez mayor por un concepto muy relacionado con el mindfulness: la autocompasión. Este concepto de la compasión, viene del Budismo y se define como un deseo genuino de que todas las personas incluido uno mismo, se liberen del sufrimiento y sean felices. En este contexto se utiliza la autocompasión como alternativa a la autocrítica, animando a los pacientes a ser amables consigo mismos cuando sienten ansiedad o tristeza. Todavía hacen falta investigaciones para clarificar este concepto, pero no cabe duda que de supondrá una nueva perspectiva en el ámbito de las aplicaciones clínicas basadas en mindfulness, incluyendo el tratamiento de la depresión.

Pilar Hernández Sánchez

Psicóloga Sanitaria

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Procrastinación: ¿Por qué dejamos las tareas para mañana?

La procrastinación es la acción o el hábito de posponer la realización de actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras irrelevantes o más agradables.

Lo hacemos por diferentes motivos.  Unas veces porque la tarea nos resulta aburrida, pesada o simplemente no nos apetece hacerla. Es normal querer relajarse y evitar tareas poco apetecibles. Pero en ocasiones, la postergación de las tareas importantes ocurre porque tenemos miedo a no hacerlo bien y tenemos el miedo al fracaso.

  1. Procrastinar porque considero las tareas desagradables o pesadas.

A veces la dejamos para después tareas que nos resultan aburridas y pesadas como por ejemplo las tareas burocráticas, o doblar la ropa y colocarla en el armario, otras veces porque no nos apetece hacerlo. Es normal que a veces nos dejemos tareas para después para poder relajarnos. Postergar estas tareas no significa ningún tipo de problema, a no ser que nos termine provocando estrés porque no hemos cumplido con nuestras obligaciones, es entonces cuando la procratinación empieza a convertirse en un problema.

Si eres de los que deja habitualmente cosas importantes para mañana porque no te gustan, prueba a analizar la emoción que subyace a tu resistencia. Evitamos pensar en esas tareas no deseadas porque nos hace sentir incómodos.

Existe una alternativa: Permítete  sentir las emociones totalmente humanas de desagrado y evitación con una actitud de autocuidado y de aceptación. Permítete llegar hasta el fondo de la sensación de miedo o letargo o lo que sea que te produce el hecho de pensar en esa tarea.

¿Sientes las emociones en tu cuerpo de manera consciente y sin críticas?

Reconoce que son momentos de sufrimiento, aunque sea a pequeña escala.  Todas tus emociones merecen ser sentidas y validadas. Cuando te brindes ese consuelo que buscas, probablemente bajará tu resistencia a ponerte en marcha.

  1. Procrastina por miedo a fracasar

A veces, las emociones subyacentes a la postergación habitual son más profundas. Si la tarea es importante (como por ejemplo, el Proyecto de Fin de Grado o un proyecto importante en el trabajo, etc.), nos inunda el miedo a la posibilidad de fracasar:

Los sentimientos de miedo que surgen cuando pensamos en abordar el proyecto, y los de inutilidad cuando pensamos en un posible fracaso, pueden llegar a superarnos.

De nuevo, cuando no queremos que las emociones desagradables nos inunden, postergar es un método muy habitual para mirar hacia otro lado. A veces, nuestro subconsciente intenta sabotearnos de manera que si fallamos, podemos evitar sentirnos inútiles atribuyendo el fracaso a que no hemos tenido tiempo suficiente para hacer bien el trabajo. Si este es nuestro patrón habitual, podría limitar seriamente el alcance de nuestro potencial.

Recuerda que todos fracasamos a veces, que es parte de nuestra condición humana. Cada fracaso es una oportunidad para aprender. Adopta una actitud de autocuidado y comprométete a ser amable, cariñoso y comprensivo contigo mismo,  autocrítico. Aprende a gestionar la autocrítica. Cuida a ese niño asustado que llevas dentro, asegúrale que estarás ahí siempre con él. Ya nunca más estará solo. Y después, intenta dar el paso. La peor parte de una tarea difícil suele ser la de reunir las fuerzas para empezar.

Si tienes dificultades, si sueles procrastinar tareas importantes y ves que necesitas ayuda profesional, puedes llamarnos al Tlf 628 99 47 08 o pinchando en este enlace de contacto.

 

Resolver conflictos de modo constructivo: Yo gano, tu ganas.

En nuestra vida diaria, surgen a menudo situaciones de conflicto en las que cada una de las personas implicadas tiene intereses u opiniones opuestas. Estas situaciones pueden surgir no sólo con personas desconocidas, sino que la mayor parte de las veces ocurre entre personas de nuestro entorno más cercano, como familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos.

Estos pequeños o grandes conflictos son normales, ya que cada persona tiene derecho a tener sus propias opiniones, valores, deseos y necesidades diferentes a las nuestras.  Pero para algunos es muy difícil enfrentarse a este tipo de situaciones, ya que carecen de recursos para solucionarlas de un modo constructivo.

¿Pero hay un modo constructivo de resolver conflictos?

Podemos plantear la resolución del conflicto desde tres posturas diferentes o actitudes diferentes:

  1. Ganar-Perder: Una parte siente que gana, mientras que la otra siente que pierde.
  2. Perder-Perder: Las dos partes ceden algo, luego las dos sienten que pierden.
  3. Ganar-Ganar: Las dos partes sienten que ganan algo.

1.- Ganar-Perder: Con esta postura partimos de la premisa de que uno tiene que ganar y el otro tiene que perder. La discusión o el conflicto se plantean como una lucha o una pelea en el que las dos partes buscan ganar. Luego una de las dos partes se sentirá victoriosa por haber ganado y la otra se sentirá mal por haber perdido. Además, esta forma de resolución del conflicto impedirá encontrar una posible solución más creativa al problema, ya que cada una de las partes defiende su postura de un modo inflexible.

2.- Perder-Perder: En esta postura se negocia de modo que cada uno cede algo por su parte para llegar a un acuerdo. Ambas partes sufrirán algún tipo de pérdida. Este tipo de resolución suele usarse cuando los objetivos o intereses de las personas en conflicto son mutuamente excluyentes, por lo que no pueden hallarse soluciones gano-ganas.

3.- Gano-Ganas: En esta actitud intentamos buscar soluciones con las que todos los implicados salen ganando, por lo que todas las partes sentirán bien y mantendrán su autoestima.

La mayoría de las veces, podemos encontrar soluciones en las que todas las partes puedan lograr lo que les interesa, al menos parcialmente. Esto requiere buena voluntad, compromiso y creatividad para encontrar la solución satisfactoria que se ajuste a las necesidades y deseos de ambas las partes.

La dificultad de adoptar esta actitud para muchas personas, consiste en que han sido educadas de forma competitiva, es decir, ven a los demás como competidores, y a la hora de resolver cualquier diferencia, tienden a considerarlos como adversarios.

Pero en la mayoría de las relaciones sociales como las amistades, el trabajo en equipo, o las relaciones con la familia  es más adecuada la cooperación. Una relación colaborativa se basa en la creencia de que el éxito de uno no tiene porque suponer el fracaso del otro, y que no es necesario que uno pierda para que otro gane.

Este modo cooperativo de abordar los conflictos puede ayudar a algunas personas a abandonar la posición de lucha considerando al otro como adversario, por una postura de cooperación y colaboración, que facilita la búsqueda de soluciones y la satisfacción de ambas partes con la resolución del problema.

 

 

 

Procrastinación: ¿Por qué dejamos las tareas para mañana?

La procrastinación es la acción o el hábito de posponer la realización de actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras irrelevantes o más agradables.

Lo hacemos por diferentes motivos.  Unas veces porque la tarea nos resulta aburrida, pesada o simplemente no nos apetece hacerla. Es normal querer relajarse y evitar tareas poco apetecibles. Pero en ocasiones, la postergación de las tareas importantes ocurre porque tenemos miedo a no hacerlo bien y tenemos el miedo al fracaso.

  1. Procrastinar porque considero las tareas desagradables o pesadas.

A veces la dejamos para después tareas que nos resultan aburridas y pesadas como por ejemplo las tareas burocráticas, o doblar la ropa y colocarla en el armario, otras veces porque no nos apetece hacerlo. Es normal que a veces nos dejemos tareas para después para poder relajarnos. Postergar estas tareas no significa ningún tipo de problema, a no ser que nos termine provocando estrés porque no hemos cumplido con nuestras obligaciones, es entonces cuando la procratinación empieza a convertirse en un problema.

Si eres de los que deja habitualmente cosas importantes para mañana porque no te gustan, prueba a analizar la emoción que subyace a tu resistencia. Evitamos pensar en esas tareas no deseadas porque nos hace sentir incómodos.

Existe una alternativa: Permítete  sentir las emociones totalmente humanas de desagrado y evitación con una actitud de autocuidado y de aceptación. Permítete llegar hasta el fondo de la sensación de miedo o letargo o lo que sea que te produce el hecho de pensar en esa tarea.

¿Sientes las emociones en tu cuerpo de manera consciente y sin críticas?

Reconoce que son momentos de sufrimiento, aunque sea a pequeña escala.  Todas tus emociones merecen ser sentidas y validadas. Cuando te brindes ese consuelo que buscas, probablemente bajará tu resistencia a ponerte en marcha.

  1. Procrastina por miedo a fracasar

A veces, las emociones subyacentes a la postergación habitual son más profundas. Si la tarea es importante (como por ejemplo, el Proyecto de Fin de Grado o un proyecto importante en el trabajo, etc.), nos inunda el miedo a la posibilidad de fracasar:

Los sentimientos de miedo que surgen cuando pensamos en abordar el proyecto, y los de inutilidad cuando pensamos en un posible fracaso, pueden llegar a superarnos.

De nuevo, cuando no queremos que las emociones desagradables nos inunden, postergar es un método muy habitual para mirar hacia otro lado. A veces, nuestro subconsciente intenta sabotearnos de manera que si fallamos, podemos evitar sentirnos inútiles atribuyendo el fracaso a que no hemos tenido tiempo suficiente para hacer bien el trabajo. Si este es nuestro patrón habitual, podría limitar seriamente el alcance de nuestro potencial.

Recuerda que todos fracasamos a veces, que es parte de nuestra condición humana. Cada fracaso es una oportunidad para aprender. Adopta una actitud de autocuidado y comprométete a ser amable, cariñoso y comprensivo contigo mismo,  autocrítico. Aprende a gestionar la autocrítica. Cuida a ese niño asustado que llevas dentro, asegúrale que estarás ahí siempre con él. Ya nunca más estará solo. Y después, intenta dar el paso. La peor parte de una tarea difícil suele ser la de reunir las fuerzas para empezar.

Si tienes dificultades, si sueles procrastinar tareas importantes y ves que necesitas ayuda profesional, puedes llamarnos al Tlf 628 99 47 08 o pinchando en este enlace de contacto.

 

Resolver conflictos de modo constructivo: Yo gano, tu ganas.

En nuestra vida diaria, surgen a menudo situaciones de conflicto en las que cada una de las personas implicadas tiene intereses u opiniones opuestas. Estas situaciones pueden surgir no sólo con personas desconocidas, sino que la mayor parte de las veces ocurre entre personas de nuestro entorno más cercano, como familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos.

Estos pequeños o grandes conflictos son normales, ya que cada persona tiene derecho a tener sus propias opiniones, valores, deseos y necesidades diferentes a las nuestras.  Pero para algunos es muy difícil enfrentarse a este tipo de situaciones, ya que carecen de recursos para solucionarlas de un modo constructivo.

¿Pero hay un modo constructivo de resolver conflictos?

Podemos plantear la resolución del conflicto desde tres posturas diferentes o actitudes diferentes:

  1. Ganar-Perder: Una parte siente que gana, mientras que la otra siente que pierde.
  2. Perder-Perder: Las dos partes ceden algo, luego las dos sienten que pierden.
  3. Ganar-Ganar: Las dos partes sienten que ganan algo.

1.- Ganar-Perder: Con esta postura partimos de la premisa de que uno tiene que ganar y el otro tiene que perder. La discusión o el conflicto se plantean como una lucha o una pelea en el que las dos partes buscan ganar. Luego una de las dos partes se sentirá victoriosa por haber ganado y la otra se sentirá mal por haber perdido. Además, esta forma de resolución del conflicto impedirá encontrar una posible solución más creativa al problema, ya que cada una de las partes defiende su postura de un modo inflexible.

2.- Perder-Perder: En esta postura se negocia de modo que cada uno cede algo por su parte para llegar a un acuerdo. Ambas partes sufrirán algún tipo de pérdida. Este tipo de resolución suele usarse cuando los objetivos o intereses de las personas en conflicto son mutuamente excluyentes, por lo que no pueden hallarse soluciones gano-ganas.

3.- Gano-Ganas: En esta actitud intentamos buscar soluciones con las que todos los implicados salen ganando, por lo que todas las partes sentirán bien y mantendrán su autoestima.

La mayoría de las veces, podemos encontrar soluciones en las que todas las partes puedan lograr lo que les interesa, al menos parcialmente. Esto requiere buena voluntad, compromiso y creatividad para encontrar la solución satisfactoria que se ajuste a las necesidades y deseos de ambas las partes.

La dificultad de adoptar esta actitud para muchas personas, consiste en que han sido educadas de forma competitiva, es decir, ven a los demás como competidores, y a la hora de resolver cualquier diferencia, tienden a considerarlos como adversarios.

Pero en la mayoría de las relaciones sociales como las amistades, el trabajo en equipo, o las relaciones con la familia  es más adecuada la cooperación. Una relación colaborativa se basa en la creencia de que el éxito de uno no tiene porque suponer el fracaso del otro, y que no es necesario que uno pierda para que otro gane.

Este modo cooperativo de abordar los conflictos puede ayudar a algunas personas a abandonar la posición de lucha considerando al otro como adversario, por una postura de cooperación y colaboración, que facilita la búsqueda de soluciones y la satisfacción de ambas partes con la resolución del problema.

 

 

 

Procrastinación: ¿Por qué dejamos las tareas para mañana?

La procrastinación es la acción o el hábito de posponer la realización de actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras irrelevantes o más agradables.

Lo hacemos por diferentes motivos.  Unas veces porque la tarea nos resulta aburrida, pesada o simplemente no nos apetece hacerla. Es normal querer relajarse y evitar tareas poco apetecibles. Pero en ocasiones, la postergación de las tareas importantes ocurre porque tenemos miedo a no hacerlo bien y tenemos el miedo al fracaso.

  1. Procrastinar porque considero las tareas desagradables o pesadas.

A veces la dejamos para después tareas que nos resultan aburridas y pesadas como por ejemplo las tareas burocráticas, o doblar la ropa y colocarla en el armario, otras veces porque no nos apetece hacerlo. Es normal que a veces nos dejemos tareas para después para poder relajarnos. Postergar estas tareas no significa ningún tipo de problema, a no ser que nos termine provocando estrés porque no hemos cumplido con nuestras obligaciones, es entonces cuando la procratinación empieza a convertirse en un problema.

Si eres de los que deja habitualmente cosas importantes para mañana porque no te gustan, prueba a analizar la emoción que subyace a tu resistencia. Evitamos pensar en esas tareas no deseadas porque nos hace sentir incómodos.

Existe una alternativa: Permítete  sentir las emociones totalmente humanas de desagrado y evitación con una actitud de autocuidado y de aceptación. Permítete llegar hasta el fondo de la sensación de miedo o letargo o lo que sea que te produce el hecho de pensar en esa tarea.

¿Sientes las emociones en tu cuerpo de manera consciente y sin críticas?

Reconoce que son momentos de sufrimiento, aunque sea a pequeña escala.  Todas tus emociones merecen ser sentidas y validadas. Cuando te brindes ese consuelo que buscas, probablemente bajará tu resistencia a ponerte en marcha.

  1. Procrastina por miedo a fracasar

A veces, las emociones subyacentes a la postergación habitual son más profundas. Si la tarea es importante (como por ejemplo, el Proyecto de Fin de Grado o un proyecto importante en el trabajo, etc.), nos inunda el miedo a la posibilidad de fracasar:

Los sentimientos de miedo que surgen cuando pensamos en abordar el proyecto, y los de inutilidad cuando pensamos en un posible fracaso, pueden llegar a superarnos.

De nuevo, cuando no queremos que las emociones desagradables nos inunden, postergar es un método muy habitual para mirar hacia otro lado. A veces, nuestro subconsciente intenta sabotearnos de manera que si fallamos, podemos evitar sentirnos inútiles atribuyendo el fracaso a que no hemos tenido tiempo suficiente para hacer bien el trabajo. Si este es nuestro patrón habitual, podría limitar seriamente el alcance de nuestro potencial.

Recuerda que todos fracasamos a veces, que es parte de nuestra condición humana. Cada fracaso es una oportunidad para aprender. Adopta una actitud de autocuidado y comprométete a ser amable, cariñoso y comprensivo contigo mismo,  autocrítico. Aprende a gestionar la autocrítica. Cuida a ese niño asustado que llevas dentro, asegúrale que estarás ahí siempre con él. Ya nunca más estará solo. Y después, intenta dar el paso. La peor parte de una tarea difícil suele ser la de reunir las fuerzas para empezar.

Si tienes dificultades, si sueles procrastinar tareas importantes y ves que necesitas ayuda profesional, puedes llamarnos al Tlf 628 99 47 08 o pinchando en este enlace de contacto.

 

Resolver conflictos de modo constructivo: Yo gano, tu ganas.

En nuestra vida diaria, surgen a menudo situaciones de conflicto en las que cada una de las personas implicadas tiene intereses u opiniones opuestas. Estas situaciones pueden surgir no sólo con personas desconocidas, sino que la mayor parte de las veces ocurre entre personas de nuestro entorno más cercano, como familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos.

Estos pequeños o grandes conflictos son normales, ya que cada persona tiene derecho a tener sus propias opiniones, valores, deseos y necesidades diferentes a las nuestras.  Pero para algunos es muy difícil enfrentarse a este tipo de situaciones, ya que carecen de recursos para solucionarlas de un modo constructivo.

¿Pero hay un modo constructivo de resolver conflictos?

Podemos plantear la resolución del conflicto desde tres posturas diferentes o actitudes diferentes:

  1. Ganar-Perder: Una parte siente que gana, mientras que la otra siente que pierde.
  2. Perder-Perder: Las dos partes ceden algo, luego las dos sienten que pierden.
  3. Ganar-Ganar: Las dos partes sienten que ganan algo.

1.- Ganar-Perder: Con esta postura partimos de la premisa de que uno tiene que ganar y el otro tiene que perder. La discusión o el conflicto se plantean como una lucha o una pelea en el que las dos partes buscan ganar. Luego una de las dos partes se sentirá victoriosa por haber ganado y la otra se sentirá mal por haber perdido. Además, esta forma de resolución del conflicto impedirá encontrar una posible solución más creativa al problema, ya que cada una de las partes defiende su postura de un modo inflexible.

2.- Perder-Perder: En esta postura se negocia de modo que cada uno cede algo por su parte para llegar a un acuerdo. Ambas partes sufrirán algún tipo de pérdida. Este tipo de resolución suele usarse cuando los objetivos o intereses de las personas en conflicto son mutuamente excluyentes, por lo que no pueden hallarse soluciones gano-ganas.

3.- Gano-Ganas: En esta actitud intentamos buscar soluciones con las que todos los implicados salen ganando, por lo que todas las partes sentirán bien y mantendrán su autoestima.

La mayoría de las veces, podemos encontrar soluciones en las que todas las partes puedan lograr lo que les interesa, al menos parcialmente. Esto requiere buena voluntad, compromiso y creatividad para encontrar la solución satisfactoria que se ajuste a las necesidades y deseos de ambas las partes.

La dificultad de adoptar esta actitud para muchas personas, consiste en que han sido educadas de forma competitiva, es decir, ven a los demás como competidores, y a la hora de resolver cualquier diferencia, tienden a considerarlos como adversarios.

Pero en la mayoría de las relaciones sociales como las amistades, el trabajo en equipo, o las relaciones con la familia  es más adecuada la cooperación. Una relación colaborativa se basa en la creencia de que el éxito de uno no tiene porque suponer el fracaso del otro, y que no es necesario que uno pierda para que otro gane.

Este modo cooperativo de abordar los conflictos puede ayudar a algunas personas a abandonar la posición de lucha considerando al otro como adversario, por una postura de cooperación y colaboración, que facilita la búsqueda de soluciones y la satisfacción de ambas partes con la resolución del problema.

 

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