¿QUÉ APORTA MINDFULNESS AL TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN? 

depresión

Psicóloga Pilar Hernández

La depresión es un trastorno que afecta a un alto procentaje de la población general.

El uso clínico de la práctica del mindfulness dentro de los tratamientos psicológicos se ha desarrollado a gran velocidad. En este artículo revisamos cuáles son los elementos de mindfulness que pueden influir en el tratamiento psicológico para la depresión, y más concretamente en ámbito de la prevención de recaídas.

La depresión es originada por múltiples causas.  Según el modelo de Beck, en primer lugar habría que tener en cuenta las experiencias negativas tempranas

Éstas determinarían la aparición de esquemas o actitudes disfuncionales que se mantienen a lo largo de la vida, y son difícilmente accesibles verbalmente.

La depresión se originaría por la activación de dichas actitudes o esquemas disfuncionales debido a uno o varias situaciones estresantes en la vida de la persona: duelo, problemas de pareja, problemas laborales, etc. A consecuencia de esto, surgirían los pensamientos negativos típicos de la depresión, que se conocen como la “triada cognitiva” y que consiste en pensamientos negativos sobre uno mismo, sobre el mundo y sobre el futuro.

Una de las técnicas que principalmente se utiliza la terapia cognitiva para depresión, consiste en la identificación y cuestionamiento de esos pensamientos automáticos, y su posterior discusión en terapia, relacionándolos con las emociones asociadas y con las estrategias de afrontamiento. Se trabajan por tanto los contenidos de los pensamientos, separando los pensamientos racionales de los irracionales, ayudando a los pacientes a identificarlos y a modificarlos. Esta técnica se denomina Reestructuración cognitiva y es muy efectiva en el tratamiento de procesos agudos de depresión.

¿Qué novedades aporta  mindfulness?

Para Teslade, el mantenimiento del cambio y por tanto la evitación de recaídas deberá enfocarse en disminuir las rumiaciones  cambiando la relación que las personas tienen con sus propios pensamientos y sentimientos. Es aquí donde actúa mindfulness. El entrenamiento en mindfulness o atención plena, nos permite aceptar la experiencia (pensamientos, sentimientos, etc) sin cambiar ni juzgar nada, permitiendo que las cosas sean como son. Los pensamientos son meros productos de la mente, de los que nos hacemos conscientes para luego dejarlos marchar.

Las personas con depresión tienen una mayor probabilidad de estar centradas en sí mismas que las que no están deprimidas. Tradicionalmente muchos psicólogos han elegido técnicas de distracción para redirigir el foco de atención, ya que se trata de una auto-observación rumiadora y poco adaptativa.

Sin embargo, desde mindfulness no se proponen técnicas de distracción y sino que se entrena una auto-observación adaptativa que cumple con las siguientes características:

  1. La atención se dirige hacia lo que ocurre en el presente.
  2. No compara el estado actual con el ideal.
  3. No juzga lo que observa. (Sus pensamientos, sus emociones, a sí mismo, etc.
  4. Acepta lo no permanencia de la experiencia. (“Todo pasa”).
  5. Se trata a sí mismo con amabilidad.

Durante la práctica de la meditación en Atención Plena, la atención debe centrarse en la respiración y en las sensaciones del cuerpo mientras se está respirando. Es fácil que la atención se disperse y se vaya de un lado a otro. Se debe observar lo que sea que nos ha distraído para después volver con la atención a la respiración. Es importante que este “darse cuenta” de la distracción, se realice con aceptación, sin juicio, es decir, sin auto-castigo. Por el contrario, podemos felicitarnos porque al darnos cuenta de que nos hemos distraído, ya hemos vuelto con la atención al momento presente. La esencia de la meditación en atención plena consiste en este movimiento de atención-distracción-atención,           que el meditador experimente infinidad de veces mientras que realiza la práctica. Así se entrena la capacidad de tomar conciencia de los propios pensamientos y observarlos en un estado de calma mental. Al no juzgarlos se entrena una actitud de aceptación hacia ellos. Para Teslade el objetivo final del entrenamiento en midnfulness sería alcanzar la experiencia de percibir los pensamientos como pensamientos y no como reflejos de la realidad, sino que son meros productos de la mente.

Otro elemento importante sería la disminución de la reactividad cognitiva o el grado en el que los estados de disforia reactivan patrones de pensamiento negativos. Mindfulness facilitaría estrategias de auto-observación que facilitarían en darse cuenta de las primeras señales, favoreciendo la puesta en marcha de estrategias para la prevención de recaídas.

En los últimos años, ha habido un interés cada vez mayor por un concepto muy relacionado con el mindfulness: la autocompasión. Este concepto de la compasión, viene del Budismo y se define como un deseo genuino de que todas las personas incluido uno mismo, se liberen del sufrimiento y sean felices. En este contexto se utiliza la autocompasión como alternativa a la autocrítica, animando a los pacientes a ser amables consigo mismos cuando sienten ansiedad o tristeza. Todavía hacen falta investigaciones para clarificar este concepto, pero no cabe duda que de supondrá una nueva perspectiva en el ámbito de las aplicaciones clínicas basadas en mindfulness, incluyendo el tratamiento de la depresión.

Pilar Hernández Sánchez

Psicóloga Sanitaria

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Nuestros pensamientos nunca paran, nos encontramos constantemente analizando situaciones, buscando soluciones, planeando nuestras acciones y resolviendo problemas. De esta actividad contante, pueden surgir algunos sentimientos que nos podrían hacer sufrir si no aprendemos a gestionarlos de la forma correcta.

El sentimiento de culpa es uno de ellos. Dar demasiadas vueltas a hechos del pasado, machacándonos a nosotros mismos por haber actuado de una manera en lugar de otra, nos llevará a sentirnos culpables y, por consiguiente, tristes, frustrados y agobiados. Cuando este sentimiento aparece y gana terreno a nuestra salud emocional, nuestro pasado nos comenzaría a impedir avanzar en nuestras vidas, haciéndonos sentir mal con nosotros mismos y llevándonos a valorarnos menos de lo que deberíamos.

La culpa: Nuestro firme y cruel juez

La culpa proviene de un error a la hora de procesar. Un pensamiento sano analiza las situaciones con el objetivo de aprender y mejorar aquello que no se ha realizado de forma correcta, mientras que, si nos exigimos y juzgamos a nosotros mismos constantemente, estaríamos procesando de forma errónea y disparando el sentimiento de culpa.

Además de en nuestra propia personalidad, gran parte de la responsabilidad que sentimos radica en la cultura familiar, así como en la educación que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas. Desde bien pequeños, nos enseñan a diferenciar lo que está “bien” de lo que está “mal”, cómo debemos y cómo no debemos comportarnos, haciéndonos así automatizar estas recriminaciones poco a poco y sentirnos realmente culpables si no cumplimos con lo que se nos pide.

Por otro lado, el sentimiento de culpa también puede aparecer en el momento en que permitimos que terceras personas nos hagan responsables de sus errores o fracasos, o cuando realmente sí que hemos actuado de una forma equivocada y nos exigimos haberlo hecho de otra manera. Nuestro acelerado ritmo de vida nos lleva muchas veces a actuar desde el desconocimiento y sin pensar antes en las posibles consecuencias de nuestros actos, lo que podría llevarnos a fallar y, una vez más, sentirnos culpables.

En definitiva, la culpa puede aparecer por diferentes razones y como consecuencia de múltiples actuaciones. Este es un sentimiento que todos descubrimos en algún momento de nuestras vidas, ya sea durante un largo periodo de tiempo o durante una etapa de poca duración. Lo importante es ser conscientes de ello; tener claro que fallar puede entrar en nuestros planes de vida, pues no somos perfectos y de los errores que cometemos siempre se aprende para la próxima vez. A pesar de vernos muchas veces atrapados y anulados por esta sensación tan desagradable, no debemos olvidar que existen alternativas para gestionarlo y transformar el sentimiento de culpa en ganas de mejorar y demostrarnos a nosotros mismos, la próxima vez que tengamos la oportunidad, de lo que somos capaces.

Afrontar el sentimiento de culpa: ¿De qué forma podemos liberarnos?

Este juez implacable al que llamamos culpa somos nosotros mismos. Es muy importante ser conscientes de ello, saber que nosotros somos los protagonistas, los generadores de ese sentimiento y los que podemos también decidir cuándo y cómo acabar con él. El grado de tolerancia y aceptación, lo flexibles que somos con nosotros mismos y la empatía con la que nos tratamos influyen en la culpabilidad que sentimos, por lo que es primordial saber gestionar cada uno de estos factores.

Responsabilizarnos de nuestras acciones, aceptando los errores cometidos y tomando el camino de la aceptación y mejora es la clave para combatir el sentimiento de culpa. Sin embargo, en ocasiones, no somos capaces de aprender y mejorar nuestros recursos y capacidades para liberarnos de esta sensación por nosotros mismos. Es entonces cuando el primer paso que se debe dar es el del reconocimiento, siendo conscientes de que es momento de pedir ayuda externa y acudir a terapia psicológica.

En nuestra clínica psicológica en Majadahonda te acompañaremos durante todo el proceso, hasta lograr que el sentimiento de culpa que se ha adueñado de tus pensamientos y no te deja avanzar y ser quien eres, desaparezca de tu vida. Cierto es que, lo más probable es que este vuelva a aparecer en algún momento de tu vida de forma natural; lo importante es poner en práctica las herramientas que juntos trabajaremos para impedir que se apodere de ti una vez más.

Junto con nuestro equipo de psicólogos en Majadahonda lograrás acabar con ese malestar, así como adquirir un criterio mucho más realista a la hora de actuar e interpretar las consecuencias de tus actuaciones y, por supuesto, dejar de sufrir por hechos irrelevantes. Sabemos que es un proceso complicado, pero queremos recordarte que tienes derecho a perdonarte y seguir hacia delante.

 

COVID-19 AYUDA PSICOLÓGICA

Desde Marzo de 2020 estamos viviendo una situación completamente nueva, producida por  una pandemia mundial con extensión en el tiempo y complicaciones sociales y económicas desconocidas hasta hoy.

Esta situación conlleva efectos psicológicos importantes sobre las personas, derivados de la incertidumbre, confusión y frustración por la sensación de que debemos hacer algo pero no podemos.  Para algunos se trata de una situación estresante y reaccionan de diversas maneras para poder adaptarse, mientras que para otros esta situación supone el agravamiento de una patología previa.  No nos afecta a todos por igual. La mayoría de la gente podrá afrontar sin ayuda las consecuencias psicológicas del Covid-19, mientras que otras personas, con menos recursos de afrontamiento psicológico o con patologías previas, tendrán que acudir a pedir ayuda de un profesional de la psicología.

Las principales reacciones al estrés psicológico del Covid-19 son el miedo y la ansiedad. La ansiedad, puede convertirse en excesiva y en pánico. También la tristeza por la pérdida de seres queridos,  la propia salud y en muchos casos por la percepción de la pérdida del modo de vida al que estábamos acostumbrados.  La tristeza, junto a la desesperanza que supone no saber cuándo va a terminar todo esto y la dificultad para adaptarse a la nueva normalidad, pueden llevar a las personas a la depresión. Otras veces las personas reaccionan con ira, ante la frustración que supone ver como las autoridades no se ponen de acuerdo respecto a las normas a seguir y por la falta de confianza que todo esto genera. También por ver como la situación de pandemia termina con muchos de los planes y objetivos que tenía hasta ese momento.

COVID-19 AYUDA PSICOLÓGICA, ALGUNOS CONSEJOS:

Mantenerse informado: Escuchar consejos de fuentes fiables.

Siga una rutina: Si tiene que permanecer en casa, conservar las rutinas en la medida de lo posible o establezca algunas nuevas para adaptarse a la situación.

  • Establecer un horario a la hora de acostarse y levantarse.
  • No descuidar la higiene personal.
  • Tomar comidas saludables y establecer horarios fijos.
  • Hacer ejercicio física.
  • Establecer horarios para trabajar, descansar, ocio…

El contacto social es importante: Si no es posible verse personalmente, podemos llamar por teléfono o hacer videollamadas. Sentirse acompañado ayuda a aliviar la tensión.

Evite el alcohol y las drogas: Aunque a corto plazo puede parecer que pueden aliviar la tensión, a medio y largo plazo, ponen en peligro la salud, ya que el consumo está asociado a un mayor número de infecciones y a un peor resultado en el tratamiento.

Controle el tiempo de pantalla: Hacernos al menos conscientes del tiempo que pasamos en pantalla. Si no tenemos más remedio por nuestro tipo de trabajo deberemos descansar unos minutos cada cierto tiempo.

Tiempo para el ocio: Encotrar nuevas formas de ocio adaptadas a la nueva normalidad.

Tiempo de cuidarnos: Técnicas de relajación, meditación mindfulness, yoga.

Ayudar a los demás: Es un modo de aliviar el sufrimiento de otros, pero estos gestos también nos hacen sentirnos a mejor a nosotros mismos.

Si aún así te sientes desbordado, podemos ayudarte. Te atendemos personalmente en nuestra consulta de psicología en Majadahonda y también online.

Llámanos al Teléf. 628994708

Pilar Hernández. Psicóloga Sanitaria.

 

 

 

 

Procrastinación: ¿Por qué dejamos las tareas para mañana?

La procrastinación es la acción o el hábito de posponer la realización de actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras irrelevantes o más agradables.

Lo hacemos por diferentes motivos.  Unas veces porque la tarea nos resulta aburrida, pesada o simplemente no nos apetece hacerla. Es normal querer relajarse y evitar tareas poco apetecibles. Pero en ocasiones, la postergación de las tareas importantes ocurre porque tenemos miedo a no hacerlo bien y tenemos el miedo al fracaso.

  1. Procrastinar porque considero las tareas desagradables o pesadas.

A veces la dejamos para después tareas que nos resultan aburridas y pesadas como por ejemplo las tareas burocráticas, o doblar la ropa y colocarla en el armario, otras veces porque no nos apetece hacerlo. Es normal que a veces nos dejemos tareas para después para poder relajarnos. Postergar estas tareas no significa ningún tipo de problema, a no ser que nos termine provocando estrés porque no hemos cumplido con nuestras obligaciones, es entonces cuando la procratinación empieza a convertirse en un problema.

Si eres de los que deja habitualmente cosas importantes para mañana porque no te gustan, prueba a analizar la emoción que subyace a tu resistencia. Evitamos pensar en esas tareas no deseadas porque nos hace sentir incómodos.

Existe una alternativa: Permítete  sentir las emociones totalmente humanas de desagrado y evitación con una actitud de autocuidado y de aceptación. Permítete llegar hasta el fondo de la sensación de miedo o letargo o lo que sea que te produce el hecho de pensar en esa tarea.

¿Sientes las emociones en tu cuerpo de manera consciente y sin críticas?

Reconoce que son momentos de sufrimiento, aunque sea a pequeña escala.  Todas tus emociones merecen ser sentidas y validadas. Cuando te brindes ese consuelo que buscas, probablemente bajará tu resistencia a ponerte en marcha.

  1. Procrastina por miedo a fracasar

A veces, las emociones subyacentes a la postergación habitual son más profundas. Si la tarea es importante (como por ejemplo, el Proyecto de Fin de Grado o un proyecto importante en el trabajo, etc.), nos inunda el miedo a la posibilidad de fracasar:

Los sentimientos de miedo que surgen cuando pensamos en abordar el proyecto, y los de inutilidad cuando pensamos en un posible fracaso, pueden llegar a superarnos.

De nuevo, cuando no queremos que las emociones desagradables nos inunden, postergar es un método muy habitual para mirar hacia otro lado. A veces, nuestro subconsciente intenta sabotearnos de manera que si fallamos, podemos evitar sentirnos inútiles atribuyendo el fracaso a que no hemos tenido tiempo suficiente para hacer bien el trabajo. Si este es nuestro patrón habitual, podría limitar seriamente el alcance de nuestro potencial.

Recuerda que todos fracasamos a veces, que es parte de nuestra condición humana. Cada fracaso es una oportunidad para aprender. Adopta una actitud de autocuidado y comprométete a ser amable, cariñoso y comprensivo contigo mismo,  autocrítico. Aprende a gestionar la autocrítica. Cuida a ese niño asustado que llevas dentro, asegúrale que estarás ahí siempre con él. Ya nunca más estará solo. Y después, intenta dar el paso. La peor parte de una tarea difícil suele ser la de reunir las fuerzas para empezar.

Si tienes dificultades, si sueles procrastinar tareas importantes y ves que necesitas ayuda profesional, puedes llamarnos al Tlf 628 99 47 08 o pinchando en este enlace de contacto.

 

Nuestros pensamientos nunca paran, nos encontramos constantemente analizando situaciones, buscando soluciones, planeando nuestras acciones y resolviendo problemas. De esta actividad contante, pueden surgir algunos sentimientos que nos podrían hacer sufrir si no aprendemos a gestionarlos de la forma correcta.

El sentimiento de culpa es uno de ellos. Dar demasiadas vueltas a hechos del pasado, machacándonos a nosotros mismos por haber actuado de una manera en lugar de otra, nos llevará a sentirnos culpables y, por consiguiente, tristes, frustrados y agobiados. Cuando este sentimiento aparece y gana terreno a nuestra salud emocional, nuestro pasado nos comenzaría a impedir avanzar en nuestras vidas, haciéndonos sentir mal con nosotros mismos y llevándonos a valorarnos menos de lo que deberíamos.

La culpa: Nuestro firme y cruel juez

La culpa proviene de un error a la hora de procesar. Un pensamiento sano analiza las situaciones con el objetivo de aprender y mejorar aquello que no se ha realizado de forma correcta, mientras que, si nos exigimos y juzgamos a nosotros mismos constantemente, estaríamos procesando de forma errónea y disparando el sentimiento de culpa.

Además de en nuestra propia personalidad, gran parte de la responsabilidad que sentimos radica en la cultura familiar, así como en la educación que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas. Desde bien pequeños, nos enseñan a diferenciar lo que está “bien” de lo que está “mal”, cómo debemos y cómo no debemos comportarnos, haciéndonos así automatizar estas recriminaciones poco a poco y sentirnos realmente culpables si no cumplimos con lo que se nos pide.

Por otro lado, el sentimiento de culpa también puede aparecer en el momento en que permitimos que terceras personas nos hagan responsables de sus errores o fracasos, o cuando realmente sí que hemos actuado de una forma equivocada y nos exigimos haberlo hecho de otra manera. Nuestro acelerado ritmo de vida nos lleva muchas veces a actuar desde el desconocimiento y sin pensar antes en las posibles consecuencias de nuestros actos, lo que podría llevarnos a fallar y, una vez más, sentirnos culpables.

En definitiva, la culpa puede aparecer por diferentes razones y como consecuencia de múltiples actuaciones. Este es un sentimiento que todos descubrimos en algún momento de nuestras vidas, ya sea durante un largo periodo de tiempo o durante una etapa de poca duración. Lo importante es ser conscientes de ello; tener claro que fallar puede entrar en nuestros planes de vida, pues no somos perfectos y de los errores que cometemos siempre se aprende para la próxima vez. A pesar de vernos muchas veces atrapados y anulados por esta sensación tan desagradable, no debemos olvidar que existen alternativas para gestionarlo y transformar el sentimiento de culpa en ganas de mejorar y demostrarnos a nosotros mismos, la próxima vez que tengamos la oportunidad, de lo que somos capaces.

Afrontar el sentimiento de culpa: ¿De qué forma podemos liberarnos?

Este juez implacable al que llamamos culpa somos nosotros mismos. Es muy importante ser conscientes de ello, saber que nosotros somos los protagonistas, los generadores de ese sentimiento y los que podemos también decidir cuándo y cómo acabar con él. El grado de tolerancia y aceptación, lo flexibles que somos con nosotros mismos y la empatía con la que nos tratamos influyen en la culpabilidad que sentimos, por lo que es primordial saber gestionar cada uno de estos factores.

Responsabilizarnos de nuestras acciones, aceptando los errores cometidos y tomando el camino de la aceptación y mejora es la clave para combatir el sentimiento de culpa. Sin embargo, en ocasiones, no somos capaces de aprender y mejorar nuestros recursos y capacidades para liberarnos de esta sensación por nosotros mismos. Es entonces cuando el primer paso que se debe dar es el del reconocimiento, siendo conscientes de que es momento de pedir ayuda externa y acudir a terapia psicológica.

En nuestra clínica psicológica en Majadahonda te acompañaremos durante todo el proceso, hasta lograr que el sentimiento de culpa que se ha adueñado de tus pensamientos y no te deja avanzar y ser quien eres, desaparezca de tu vida. Cierto es que, lo más probable es que este vuelva a aparecer en algún momento de tu vida de forma natural; lo importante es poner en práctica las herramientas que juntos trabajaremos para impedir que se apodere de ti una vez más.

Junto con nuestro equipo de psicólogos en Majadahonda lograrás acabar con ese malestar, así como adquirir un criterio mucho más realista a la hora de actuar e interpretar las consecuencias de tus actuaciones y, por supuesto, dejar de sufrir por hechos irrelevantes. Sabemos que es un proceso complicado, pero queremos recordarte que tienes derecho a perdonarte y seguir hacia delante.

 

COVID-19 AYUDA PSICOLÓGICA

Desde Marzo de 2020 estamos viviendo una situación completamente nueva, producida por  una pandemia mundial con extensión en el tiempo y complicaciones sociales y económicas desconocidas hasta hoy.

Esta situación conlleva efectos psicológicos importantes sobre las personas, derivados de la incertidumbre, confusión y frustración por la sensación de que debemos hacer algo pero no podemos.  Para algunos se trata de una situación estresante y reaccionan de diversas maneras para poder adaptarse, mientras que para otros esta situación supone el agravamiento de una patología previa.  No nos afecta a todos por igual. La mayoría de la gente podrá afrontar sin ayuda las consecuencias psicológicas del Covid-19, mientras que otras personas, con menos recursos de afrontamiento psicológico o con patologías previas, tendrán que acudir a pedir ayuda de un profesional de la psicología.

Las principales reacciones al estrés psicológico del Covid-19 son el miedo y la ansiedad. La ansiedad, puede convertirse en excesiva y en pánico. También la tristeza por la pérdida de seres queridos,  la propia salud y en muchos casos por la percepción de la pérdida del modo de vida al que estábamos acostumbrados.  La tristeza, junto a la desesperanza que supone no saber cuándo va a terminar todo esto y la dificultad para adaptarse a la nueva normalidad, pueden llevar a las personas a la depresión. Otras veces las personas reaccionan con ira, ante la frustración que supone ver como las autoridades no se ponen de acuerdo respecto a las normas a seguir y por la falta de confianza que todo esto genera. También por ver como la situación de pandemia termina con muchos de los planes y objetivos que tenía hasta ese momento.

COVID-19 AYUDA PSICOLÓGICA, ALGUNOS CONSEJOS:

Mantenerse informado: Escuchar consejos de fuentes fiables.

Siga una rutina: Si tiene que permanecer en casa, conservar las rutinas en la medida de lo posible o establezca algunas nuevas para adaptarse a la situación.

  • Establecer un horario a la hora de acostarse y levantarse.
  • No descuidar la higiene personal.
  • Tomar comidas saludables y establecer horarios fijos.
  • Hacer ejercicio física.
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El contacto social es importante: Si no es posible verse personalmente, podemos llamar por teléfono o hacer videollamadas. Sentirse acompañado ayuda a aliviar la tensión.

Evite el alcohol y las drogas: Aunque a corto plazo puede parecer que pueden aliviar la tensión, a medio y largo plazo, ponen en peligro la salud, ya que el consumo está asociado a un mayor número de infecciones y a un peor resultado en el tratamiento.

Controle el tiempo de pantalla: Hacernos al menos conscientes del tiempo que pasamos en pantalla. Si no tenemos más remedio por nuestro tipo de trabajo deberemos descansar unos minutos cada cierto tiempo.

Tiempo para el ocio: Encotrar nuevas formas de ocio adaptadas a la nueva normalidad.

Tiempo de cuidarnos: Técnicas de relajación, meditación mindfulness, yoga.

Ayudar a los demás: Es un modo de aliviar el sufrimiento de otros, pero estos gestos también nos hacen sentirnos a mejor a nosotros mismos.

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Pilar Hernández. Psicóloga Sanitaria.

 

 

 

 

Procrastinación: ¿Por qué dejamos las tareas para mañana?

La procrastinación es la acción o el hábito de posponer la realización de actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras irrelevantes o más agradables.

Lo hacemos por diferentes motivos.  Unas veces porque la tarea nos resulta aburrida, pesada o simplemente no nos apetece hacerla. Es normal querer relajarse y evitar tareas poco apetecibles. Pero en ocasiones, la postergación de las tareas importantes ocurre porque tenemos miedo a no hacerlo bien y tenemos el miedo al fracaso.

  1. Procrastinar porque considero las tareas desagradables o pesadas.

A veces la dejamos para después tareas que nos resultan aburridas y pesadas como por ejemplo las tareas burocráticas, o doblar la ropa y colocarla en el armario, otras veces porque no nos apetece hacerlo. Es normal que a veces nos dejemos tareas para después para poder relajarnos. Postergar estas tareas no significa ningún tipo de problema, a no ser que nos termine provocando estrés porque no hemos cumplido con nuestras obligaciones, es entonces cuando la procratinación empieza a convertirse en un problema.

Si eres de los que deja habitualmente cosas importantes para mañana porque no te gustan, prueba a analizar la emoción que subyace a tu resistencia. Evitamos pensar en esas tareas no deseadas porque nos hace sentir incómodos.

Existe una alternativa: Permítete  sentir las emociones totalmente humanas de desagrado y evitación con una actitud de autocuidado y de aceptación. Permítete llegar hasta el fondo de la sensación de miedo o letargo o lo que sea que te produce el hecho de pensar en esa tarea.

¿Sientes las emociones en tu cuerpo de manera consciente y sin críticas?

Reconoce que son momentos de sufrimiento, aunque sea a pequeña escala.  Todas tus emociones merecen ser sentidas y validadas. Cuando te brindes ese consuelo que buscas, probablemente bajará tu resistencia a ponerte en marcha.

  1. Procrastina por miedo a fracasar

A veces, las emociones subyacentes a la postergación habitual son más profundas. Si la tarea es importante (como por ejemplo, el Proyecto de Fin de Grado o un proyecto importante en el trabajo, etc.), nos inunda el miedo a la posibilidad de fracasar:

Los sentimientos de miedo que surgen cuando pensamos en abordar el proyecto, y los de inutilidad cuando pensamos en un posible fracaso, pueden llegar a superarnos.

De nuevo, cuando no queremos que las emociones desagradables nos inunden, postergar es un método muy habitual para mirar hacia otro lado. A veces, nuestro subconsciente intenta sabotearnos de manera que si fallamos, podemos evitar sentirnos inútiles atribuyendo el fracaso a que no hemos tenido tiempo suficiente para hacer bien el trabajo. Si este es nuestro patrón habitual, podría limitar seriamente el alcance de nuestro potencial.

Recuerda que todos fracasamos a veces, que es parte de nuestra condición humana. Cada fracaso es una oportunidad para aprender. Adopta una actitud de autocuidado y comprométete a ser amable, cariñoso y comprensivo contigo mismo,  autocrítico. Aprende a gestionar la autocrítica. Cuida a ese niño asustado que llevas dentro, asegúrale que estarás ahí siempre con él. Ya nunca más estará solo. Y después, intenta dar el paso. La peor parte de una tarea difícil suele ser la de reunir las fuerzas para empezar.

Si tienes dificultades, si sueles procrastinar tareas importantes y ves que necesitas ayuda profesional, puedes llamarnos al Tlf 628 99 47 08 o pinchando en este enlace de contacto.

 

Nuestros pensamientos nunca paran, nos encontramos constantemente analizando situaciones, buscando soluciones, planeando nuestras acciones y resolviendo problemas. De esta actividad contante, pueden surgir algunos sentimientos que nos podrían hacer sufrir si no aprendemos a gestionarlos de la forma correcta.

El sentimiento de culpa es uno de ellos. Dar demasiadas vueltas a hechos del pasado, machacándonos a nosotros mismos por haber actuado de una manera en lugar de otra, nos llevará a sentirnos culpables y, por consiguiente, tristes, frustrados y agobiados. Cuando este sentimiento aparece y gana terreno a nuestra salud emocional, nuestro pasado nos comenzaría a impedir avanzar en nuestras vidas, haciéndonos sentir mal con nosotros mismos y llevándonos a valorarnos menos de lo que deberíamos.

La culpa: Nuestro firme y cruel juez

La culpa proviene de un error a la hora de procesar. Un pensamiento sano analiza las situaciones con el objetivo de aprender y mejorar aquello que no se ha realizado de forma correcta, mientras que, si nos exigimos y juzgamos a nosotros mismos constantemente, estaríamos procesando de forma errónea y disparando el sentimiento de culpa.

Además de en nuestra propia personalidad, gran parte de la responsabilidad que sentimos radica en la cultura familiar, así como en la educación que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas. Desde bien pequeños, nos enseñan a diferenciar lo que está “bien” de lo que está “mal”, cómo debemos y cómo no debemos comportarnos, haciéndonos así automatizar estas recriminaciones poco a poco y sentirnos realmente culpables si no cumplimos con lo que se nos pide.

Por otro lado, el sentimiento de culpa también puede aparecer en el momento en que permitimos que terceras personas nos hagan responsables de sus errores o fracasos, o cuando realmente sí que hemos actuado de una forma equivocada y nos exigimos haberlo hecho de otra manera. Nuestro acelerado ritmo de vida nos lleva muchas veces a actuar desde el desconocimiento y sin pensar antes en las posibles consecuencias de nuestros actos, lo que podría llevarnos a fallar y, una vez más, sentirnos culpables.

En definitiva, la culpa puede aparecer por diferentes razones y como consecuencia de múltiples actuaciones. Este es un sentimiento que todos descubrimos en algún momento de nuestras vidas, ya sea durante un largo periodo de tiempo o durante una etapa de poca duración. Lo importante es ser conscientes de ello; tener claro que fallar puede entrar en nuestros planes de vida, pues no somos perfectos y de los errores que cometemos siempre se aprende para la próxima vez. A pesar de vernos muchas veces atrapados y anulados por esta sensación tan desagradable, no debemos olvidar que existen alternativas para gestionarlo y transformar el sentimiento de culpa en ganas de mejorar y demostrarnos a nosotros mismos, la próxima vez que tengamos la oportunidad, de lo que somos capaces.

Afrontar el sentimiento de culpa: ¿De qué forma podemos liberarnos?

Este juez implacable al que llamamos culpa somos nosotros mismos. Es muy importante ser conscientes de ello, saber que nosotros somos los protagonistas, los generadores de ese sentimiento y los que podemos también decidir cuándo y cómo acabar con él. El grado de tolerancia y aceptación, lo flexibles que somos con nosotros mismos y la empatía con la que nos tratamos influyen en la culpabilidad que sentimos, por lo que es primordial saber gestionar cada uno de estos factores.

Responsabilizarnos de nuestras acciones, aceptando los errores cometidos y tomando el camino de la aceptación y mejora es la clave para combatir el sentimiento de culpa. Sin embargo, en ocasiones, no somos capaces de aprender y mejorar nuestros recursos y capacidades para liberarnos de esta sensación por nosotros mismos. Es entonces cuando el primer paso que se debe dar es el del reconocimiento, siendo conscientes de que es momento de pedir ayuda externa y acudir a terapia psicológica.

En nuestra clínica psicológica en Majadahonda te acompañaremos durante todo el proceso, hasta lograr que el sentimiento de culpa que se ha adueñado de tus pensamientos y no te deja avanzar y ser quien eres, desaparezca de tu vida. Cierto es que, lo más probable es que este vuelva a aparecer en algún momento de tu vida de forma natural; lo importante es poner en práctica las herramientas que juntos trabajaremos para impedir que se apodere de ti una vez más.

Junto con nuestro equipo de psicólogos en Majadahonda lograrás acabar con ese malestar, así como adquirir un criterio mucho más realista a la hora de actuar e interpretar las consecuencias de tus actuaciones y, por supuesto, dejar de sufrir por hechos irrelevantes. Sabemos que es un proceso complicado, pero queremos recordarte que tienes derecho a perdonarte y seguir hacia delante.

 

COVID-19 AYUDA PSICOLÓGICA

Desde Marzo de 2020 estamos viviendo una situación completamente nueva, producida por  una pandemia mundial con extensión en el tiempo y complicaciones sociales y económicas desconocidas hasta hoy.

Esta situación conlleva efectos psicológicos importantes sobre las personas, derivados de la incertidumbre, confusión y frustración por la sensación de que debemos hacer algo pero no podemos.  Para algunos se trata de una situación estresante y reaccionan de diversas maneras para poder adaptarse, mientras que para otros esta situación supone el agravamiento de una patología previa.  No nos afecta a todos por igual. La mayoría de la gente podrá afrontar sin ayuda las consecuencias psicológicas del Covid-19, mientras que otras personas, con menos recursos de afrontamiento psicológico o con patologías previas, tendrán que acudir a pedir ayuda de un profesional de la psicología.

Las principales reacciones al estrés psicológico del Covid-19 son el miedo y la ansiedad. La ansiedad, puede convertirse en excesiva y en pánico. También la tristeza por la pérdida de seres queridos,  la propia salud y en muchos casos por la percepción de la pérdida del modo de vida al que estábamos acostumbrados.  La tristeza, junto a la desesperanza que supone no saber cuándo va a terminar todo esto y la dificultad para adaptarse a la nueva normalidad, pueden llevar a las personas a la depresión. Otras veces las personas reaccionan con ira, ante la frustración que supone ver como las autoridades no se ponen de acuerdo respecto a las normas a seguir y por la falta de confianza que todo esto genera. También por ver como la situación de pandemia termina con muchos de los planes y objetivos que tenía hasta ese momento.

COVID-19 AYUDA PSICOLÓGICA, ALGUNOS CONSEJOS:

Mantenerse informado: Escuchar consejos de fuentes fiables.

Siga una rutina: Si tiene que permanecer en casa, conservar las rutinas en la medida de lo posible o establezca algunas nuevas para adaptarse a la situación.

  • Establecer un horario a la hora de acostarse y levantarse.
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Evite el alcohol y las drogas: Aunque a corto plazo puede parecer que pueden aliviar la tensión, a medio y largo plazo, ponen en peligro la salud, ya que el consumo está asociado a un mayor número de infecciones y a un peor resultado en el tratamiento.

Controle el tiempo de pantalla: Hacernos al menos conscientes del tiempo que pasamos en pantalla. Si no tenemos más remedio por nuestro tipo de trabajo deberemos descansar unos minutos cada cierto tiempo.

Tiempo para el ocio: Encotrar nuevas formas de ocio adaptadas a la nueva normalidad.

Tiempo de cuidarnos: Técnicas de relajación, meditación mindfulness, yoga.

Ayudar a los demás: Es un modo de aliviar el sufrimiento de otros, pero estos gestos también nos hacen sentirnos a mejor a nosotros mismos.

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Procrastinación: ¿Por qué dejamos las tareas para mañana?

La procrastinación es la acción o el hábito de posponer la realización de actividades o situaciones importantes, sustituyéndolas por otras irrelevantes o más agradables.

Lo hacemos por diferentes motivos.  Unas veces porque la tarea nos resulta aburrida, pesada o simplemente no nos apetece hacerla. Es normal querer relajarse y evitar tareas poco apetecibles. Pero en ocasiones, la postergación de las tareas importantes ocurre porque tenemos miedo a no hacerlo bien y tenemos el miedo al fracaso.

  1. Procrastinar porque considero las tareas desagradables o pesadas.

A veces la dejamos para después tareas que nos resultan aburridas y pesadas como por ejemplo las tareas burocráticas, o doblar la ropa y colocarla en el armario, otras veces porque no nos apetece hacerlo. Es normal que a veces nos dejemos tareas para después para poder relajarnos. Postergar estas tareas no significa ningún tipo de problema, a no ser que nos termine provocando estrés porque no hemos cumplido con nuestras obligaciones, es entonces cuando la procratinación empieza a convertirse en un problema.

Si eres de los que deja habitualmente cosas importantes para mañana porque no te gustan, prueba a analizar la emoción que subyace a tu resistencia. Evitamos pensar en esas tareas no deseadas porque nos hace sentir incómodos.

Existe una alternativa: Permítete  sentir las emociones totalmente humanas de desagrado y evitación con una actitud de autocuidado y de aceptación. Permítete llegar hasta el fondo de la sensación de miedo o letargo o lo que sea que te produce el hecho de pensar en esa tarea.

¿Sientes las emociones en tu cuerpo de manera consciente y sin críticas?

Reconoce que son momentos de sufrimiento, aunque sea a pequeña escala.  Todas tus emociones merecen ser sentidas y validadas. Cuando te brindes ese consuelo que buscas, probablemente bajará tu resistencia a ponerte en marcha.

  1. Procrastina por miedo a fracasar

A veces, las emociones subyacentes a la postergación habitual son más profundas. Si la tarea es importante (como por ejemplo, el Proyecto de Fin de Grado o un proyecto importante en el trabajo, etc.), nos inunda el miedo a la posibilidad de fracasar:

Los sentimientos de miedo que surgen cuando pensamos en abordar el proyecto, y los de inutilidad cuando pensamos en un posible fracaso, pueden llegar a superarnos.

De nuevo, cuando no queremos que las emociones desagradables nos inunden, postergar es un método muy habitual para mirar hacia otro lado. A veces, nuestro subconsciente intenta sabotearnos de manera que si fallamos, podemos evitar sentirnos inútiles atribuyendo el fracaso a que no hemos tenido tiempo suficiente para hacer bien el trabajo. Si este es nuestro patrón habitual, podría limitar seriamente el alcance de nuestro potencial.

Recuerda que todos fracasamos a veces, que es parte de nuestra condición humana. Cada fracaso es una oportunidad para aprender. Adopta una actitud de autocuidado y comprométete a ser amable, cariñoso y comprensivo contigo mismo,  autocrítico. Aprende a gestionar la autocrítica. Cuida a ese niño asustado que llevas dentro, asegúrale que estarás ahí siempre con él. Ya nunca más estará solo. Y después, intenta dar el paso. La peor parte de una tarea difícil suele ser la de reunir las fuerzas para empezar.

Si tienes dificultades, si sueles procrastinar tareas importantes y ves que necesitas ayuda profesional, puedes llamarnos al Tlf 628 99 47 08 o pinchando en este enlace de contacto.

 

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