¿QUÉ APORTA MINDFULNESS AL TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN? 

depresión

Psicóloga Pilar Hernández

La depresión es un trastorno que afecta a un alto procentaje de la población general.

El uso clínico de la práctica del mindfulness dentro de los tratamientos psicológicos se ha desarrollado a gran velocidad. En este artículo revisamos cuáles son los elementos de mindfulness que pueden influir en el tratamiento psicológico para la depresión, y más concretamente en ámbito de la prevención de recaídas.

La depresión es originada por múltiples causas.  Según el modelo de Beck, en primer lugar habría que tener en cuenta las experiencias negativas tempranas

Éstas determinarían la aparición de esquemas o actitudes disfuncionales que se mantienen a lo largo de la vida, y son difícilmente accesibles verbalmente.

La depresión se originaría por la activación de dichas actitudes o esquemas disfuncionales debido a uno o varias situaciones estresantes en la vida de la persona: duelo, problemas de pareja, problemas laborales, etc. A consecuencia de esto, surgirían los pensamientos negativos típicos de la depresión, que se conocen como la “triada cognitiva” y que consiste en pensamientos negativos sobre uno mismo, sobre el mundo y sobre el futuro.

Una de las técnicas que principalmente se utiliza la terapia cognitiva para depresión, consiste en la identificación y cuestionamiento de esos pensamientos automáticos, y su posterior discusión en terapia, relacionándolos con las emociones asociadas y con las estrategias de afrontamiento. Se trabajan por tanto los contenidos de los pensamientos, separando los pensamientos racionales de los irracionales, ayudando a los pacientes a identificarlos y a modificarlos. Esta técnica se denomina Reestructuración cognitiva y es muy efectiva en el tratamiento de procesos agudos de depresión.

¿Qué novedades aporta  mindfulness?

Para Teslade, el mantenimiento del cambio y por tanto la evitación de recaídas deberá enfocarse en disminuir las rumiaciones  cambiando la relación que las personas tienen con sus propios pensamientos y sentimientos. Es aquí donde actúa mindfulness. El entrenamiento en mindfulness o atención plena, nos permite aceptar la experiencia (pensamientos, sentimientos, etc) sin cambiar ni juzgar nada, permitiendo que las cosas sean como son. Los pensamientos son meros productos de la mente, de los que nos hacemos conscientes para luego dejarlos marchar.

Las personas con depresión tienen una mayor probabilidad de estar centradas en sí mismas que las que no están deprimidas. Tradicionalmente muchos psicólogos han elegido técnicas de distracción para redirigir el foco de atención, ya que se trata de una auto-observación rumiadora y poco adaptativa.

Sin embargo, desde mindfulness no se proponen técnicas de distracción y sino que se entrena una auto-observación adaptativa que cumple con las siguientes características:

  1. La atención se dirige hacia lo que ocurre en el presente.
  2. No compara el estado actual con el ideal.
  3. No juzga lo que observa. (Sus pensamientos, sus emociones, a sí mismo, etc.
  4. Acepta lo no permanencia de la experiencia. (“Todo pasa”).
  5. Se trata a sí mismo con amabilidad.

Durante la práctica de la meditación en Atención Plena, la atención debe centrarse en la respiración y en las sensaciones del cuerpo mientras se está respirando. Es fácil que la atención se disperse y se vaya de un lado a otro. Se debe observar lo que sea que nos ha distraído para después volver con la atención a la respiración. Es importante que este “darse cuenta” de la distracción, se realice con aceptación, sin juicio, es decir, sin auto-castigo. Por el contrario, podemos felicitarnos porque al darnos cuenta de que nos hemos distraído, ya hemos vuelto con la atención al momento presente. La esencia de la meditación en atención plena consiste en este movimiento de atención-distracción-atención,           que el meditador experimente infinidad de veces mientras que realiza la práctica. Así se entrena la capacidad de tomar conciencia de los propios pensamientos y observarlos en un estado de calma mental. Al no juzgarlos se entrena una actitud de aceptación hacia ellos. Para Teslade el objetivo final del entrenamiento en midnfulness sería alcanzar la experiencia de percibir los pensamientos como pensamientos y no como reflejos de la realidad, sino que son meros productos de la mente.

Otro elemento importante sería la disminución de la reactividad cognitiva o el grado en el que los estados de disforia reactivan patrones de pensamiento negativos. Mindfulness facilitaría estrategias de auto-observación que facilitarían en darse cuenta de las primeras señales, favoreciendo la puesta en marcha de estrategias para la prevención de recaídas.

En los últimos años, ha habido un interés cada vez mayor por un concepto muy relacionado con el mindfulness: la autocompasión. Este concepto de la compasión, viene del Budismo y se define como un deseo genuino de que todas las personas incluido uno mismo, se liberen del sufrimiento y sean felices. En este contexto se utiliza la autocompasión como alternativa a la autocrítica, animando a los pacientes a ser amables consigo mismos cuando sienten ansiedad o tristeza. Todavía hacen falta investigaciones para clarificar este concepto, pero no cabe duda que de supondrá una nueva perspectiva en el ámbito de las aplicaciones clínicas basadas en mindfulness, incluyendo el tratamiento de la depresión.

Pilar Hernández Sánchez

Psicóloga Sanitaria

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emociones y salud

EMOCIONES Y SALUD

La relación entre emoción y salud es cada vez más evidente. Las investigaciones han demostrado cómo las emociones negativas contribuyen a disminuir las defensas del sistema inmunitario y por lo tanto predisponen a contraer enfermedades. En cambio, las emociones positivas contribuyen a aumentar nuestras defensas, pudiendo funcionar como prevención. Se han identificado más de cuarenta enfermedades que pueden ser consideradas de carácter psicosomático, donde las emociones pueden jugar un papel importante, entre ellas el asma, las úlceras gástricas, las contracturas, la hipertensión crónica, los trastornos cardiovasculares, etc.

Además, la evidencia empírica ha puesto de manifiesto los efectos positivos de una buena gestión emocional en muchos aspectos de la vida, como por ejemplo una disminución de la ansiedad, el estrés, las conductas de riesgo, los conflictos, etc., junto con un aumento de la tolerancia a la frustración, de la resilencia y, en definitiva, del bienestar emocional.

A grandes rasgos, la inteligencia emocional es la habilidad para tomar conciencia de las emociones propias y ajenas, y la capacidad para regularlas. Para Góleman “la buena noticia es que la inteligencia emocional se puede desarrollar”.

Para Jon Kabat Zinn, la práctica continuada de mindfulness, hace que el intervalo entre el estímulo desencadenante y la respuesta emocional, se vaya haciendo cada vez más largo. Es decir se fomenta la evaluación reflexiva, dándonos tiempo para recapacitar y pensar cuál es la respuesta apropiada para la situación en que nos encontramos. Este mismo autor, define midnfulness como la capacidad de prestar atención de manera deliberada al momento presente, con aceptación y sin juicio.

Desarrolla tu inteligencia emocional a través de la meditación mindfulness. ¿A que estás esperando? Aprende a meditar. Una gestión emocional eficaz reduce el estrés, la ansiedad, mejora el estado de ánimo y en definitiva aumenta tu bienestar.

Cursos de mindfulness de 8 semanas. Más información.

Aunque no resulta sencillo, puedes ayudar a tu familiar con depresión. La depresión es un serio problema que inmoviliza y cambia a la persona que lo sufre. Las personas con depresión sufren una gran reducción de su calidad de vida. Dejan de hacer cosas que antes les agradaban ya que pierden gran parte de su capacidad para disfrutar, lloran a menudo, duermen mal, se sienten cansados y sin ganas de hacer cosas, están irritables, incluso a veces se quieren morir. Esto supone una situación muy desagradable para la persona que tiene depresión, pero también para la pareja o las otras personas con las que convive que a menudo se sienten desbordados por la situación no sabiendo como actuar.

La relación de la familia con la persona deprimida generalmente puede pasar por distintas etapas:

  1. Etapa de protección/sobreprotección: Al principio los familiares suelen reaccionar con amabilidad, afecto, ternura y apoyo, incluso tienden a sobreproteger realizando tareas que la persona deprimida ha dejado de realizar o ha dejado a medias debido a su apatía.
  2. Etapa de enfado: Cuando ha pasado un tiempo y la depresión no ha mejorado, sino que incluso ha empeorado, la sobrecarga a la que está sometida la familia, empieza a pasar factura y el afecto y delicadeza de la etapa anterior se puedo convertir en enfado, crispación y cansancio.
  3. Etapa variable: En esta etapa unos días se encuentran afectuosos y protectores, y otros vence el cansancio, la crispación y el enfado. Algunas veces se pueden sentir utilizados y pensar que la persona deprimida se comporta como un egoísta y un tirano, mientras que otras pueden sentirse culpables por perder la paciencia. Todo esto puede ir acompañado por el miedo a que esta situación no se termine nunca.

Es importante saber que aunque la forma de actuar de los familiares ante el problema puede ser importante para superar la depresión, ésta sólo remitirá cuando la persona deprimida aprenda una forma diferente de ver las cosas y a actuar en consecuencia, siendo ella misma la principal responsable del cambio. Esto no significa que sea fácil para la persona hacerlo sola, lo mejor es que cuente con la ayuda de un psicólogo que le guíe en su aprendizaje y le acompañe a salir de la situación. No obstante, la conducta de las personas con las que convive puede frenar o acelerar ese proceso de recuperación, por lo que es fundamental seguir las siguientes pautas:

  1. Entender el problema: Es fundamental que la familia entienda lo que está sucediendo. La apatía, el pesimismo, el malhumor y la irritabilidad no están bajo su control voluntario, sino que forman parte de la depresión y la persona no lo puede controlar. (Cómo una persona con catarro no puede controlar cuando tose).
  2. Eliminar enfados: Cuanto más entendamos a la persona con depresión, más fácilmente se controlaran los enfados.
  3. Premia las más pequeñas mejorías: Premiar hasta los comportamientos más insignificantes pero que sean «NO DEPRESIVOS», es decir, cada vez que la persona sonría, tome la iniciativa para hacer algo, aunque parezca algo poco importante, transmítele que estás encantado y que lo valoras. Esta es una herramienta muy potente.
  4. Retira su atención: Intenta no prestar atención a los comportamientos depresivos. Cada vez que llore, no preguntar (pero tampoco reprochar). Mantener el silencio de forma neutra, sin miradas acusativas ni reproches. Cuando deje de llorar o de quejarse, recuerda el apartado anterior, es tremendamente efectivo y hazle saber lo contento que estás de que haya controlado su situación. No sigas hablando de lo ocurrido y cambia la conversación hacia un tema neutro o agradable.
  5. Evita los sermones: Es decir, evitar hacerle razonar para que sea positivo, no funciona. Todo lo contrario, estos comentarios dirigen su atención hacia sus comportamientos depresivos y le provocará sentimientos de culpa que empeoraran la depresión.
  6. Proponer actividades: En general, cuantas más actividades pueda realizar, más mejorará su estado de ánimo. Sin embargo hay que ser muy cuidadoso con esto. Un ritmo demasiado rápido o actividades demasiado complejas o para las que la persona no está todavía preparada, pueden hacer que la persona se sienta frustrada e impotente, aumentando su sensación de ineficia personal y que como resultado, aumente la depresión.

El divorcio es proceso que puede durar meses, incluso años y para algunos no acaba nunca, siendo una de las experiencias más estresantes y dramáticas a las que puede enfrentarse un niño. A consecuencia de la separación el niño se va a ver privado de la presencia diaria de uno de los progenitores, generalemente el padre, además y debido a los cambios en la situación económica familiar, el niño se verá en algunos casos oblidado a cambiar de colegio, de domicilio, etc, con la consiguiete ruptura con amigos, compañeros, profesores, etc.

Cada niño responde a esta situación con comportamientos y emociones diferentes. Dependiendo de la edad, la capacidad de adaptación y la actitud de los padres podemos encotrar:

  1. Niños que presentan problemas de adaptación social con trastorno de ansiedad y agresividad o que manifiesta tristeza, depresión y/o culpa.
  2. Niños con buena adaptación social pero con actitudes manipulativas y oportunistas que favorecen los conflictos entre los padres para provecho propio.
  3. Niños con buena adaptación social y emocional.

Es importante que los padres tomen conciencia de que deben adoptar actitudes positivas evitando en lo posible las actitudes negativas que tanto perjudican a los niños, llegando a originarles trastornos de conducta y agresividad, irritabilidad, culpabilidad y conflictos de lealtad, disminución del rendimiento escolar, trastornos emocionales y problemas de adaptación en general.

 

¿Qué actitudes tomar?

1.Actitudes hacia el niño:

  • Debe saber que seguirá siendo cuidado, que aunque los padres no vivan juntos va a seguir obteniendo de ellos su protección y cariño.
  • Saber que su padre seguirá con él aunque no viva en la misma casa.
  • Dejarle claro que él no tiene la culpa, que el divorcio ha sido decisión de sus padres y que él no puede hacer nada para impedirlo.
  • Debe tener el «permiso» para querer a los dos padres.

2.Actitudes positivas entre los padres:

  • Evitar enfrentamientos entre los padres y que nunca surjan en presiencia de los hijos.
  • No realizar críticas hacia el padre ausente en presencia de los niños.
  • Limitar en lo posible los cambios en la rutina familiar.
  • Mantener siempre la relación entre los niños y el padre ausente.
  • Cuidar la salud física y psicológica de los padres. Si es necesario, buscar ayuda para adaptarse.

3.Actitudes negativas entre los padres:

  • Prolongar los conflictos y peleas de antes del divorcio.
  • Originar numerosos cambios familiares si no es extrictamente necesario (casa, colegio, sueño, comidas, horarios, etc).
  • Elevada conflictividad de los padres tras la separación (juicios, denuncias, policía, abogados, etc).
  • Ausencia física o emocional de alguno de los padres.
  • Permisividad excesiva para compensar el sentimiento de culpa.

Como padres deberemos mostrar un fuerte compromiso hacia los hijos, cooperando el uno con el otro y adoptando una actitud de unión por le niño. Parece dificil pero no es imposible.

 

Pilar Hernández Sánchez

Psicóloga Clínica

emociones y salud

EMOCIONES Y SALUD

La relación entre emoción y salud es cada vez más evidente. Las investigaciones han demostrado cómo las emociones negativas contribuyen a disminuir las defensas del sistema inmunitario y por lo tanto predisponen a contraer enfermedades. En cambio, las emociones positivas contribuyen a aumentar nuestras defensas, pudiendo funcionar como prevención. Se han identificado más de cuarenta enfermedades que pueden ser consideradas de carácter psicosomático, donde las emociones pueden jugar un papel importante, entre ellas el asma, las úlceras gástricas, las contracturas, la hipertensión crónica, los trastornos cardiovasculares, etc.

Además, la evidencia empírica ha puesto de manifiesto los efectos positivos de una buena gestión emocional en muchos aspectos de la vida, como por ejemplo una disminución de la ansiedad, el estrés, las conductas de riesgo, los conflictos, etc., junto con un aumento de la tolerancia a la frustración, de la resilencia y, en definitiva, del bienestar emocional.

A grandes rasgos, la inteligencia emocional es la habilidad para tomar conciencia de las emociones propias y ajenas, y la capacidad para regularlas. Para Góleman “la buena noticia es que la inteligencia emocional se puede desarrollar”.

Para Jon Kabat Zinn, la práctica continuada de mindfulness, hace que el intervalo entre el estímulo desencadenante y la respuesta emocional, se vaya haciendo cada vez más largo. Es decir se fomenta la evaluación reflexiva, dándonos tiempo para recapacitar y pensar cuál es la respuesta apropiada para la situación en que nos encontramos. Este mismo autor, define midnfulness como la capacidad de prestar atención de manera deliberada al momento presente, con aceptación y sin juicio.

Desarrolla tu inteligencia emocional a través de la meditación mindfulness. ¿A que estás esperando? Aprende a meditar. Una gestión emocional eficaz reduce el estrés, la ansiedad, mejora el estado de ánimo y en definitiva aumenta tu bienestar.

Cursos de mindfulness de 8 semanas. Más información.

Aunque no resulta sencillo, puedes ayudar a tu familiar con depresión. La depresión es un serio problema que inmoviliza y cambia a la persona que lo sufre. Las personas con depresión sufren una gran reducción de su calidad de vida. Dejan de hacer cosas que antes les agradaban ya que pierden gran parte de su capacidad para disfrutar, lloran a menudo, duermen mal, se sienten cansados y sin ganas de hacer cosas, están irritables, incluso a veces se quieren morir. Esto supone una situación muy desagradable para la persona que tiene depresión, pero también para la pareja o las otras personas con las que convive que a menudo se sienten desbordados por la situación no sabiendo como actuar.

La relación de la familia con la persona deprimida generalmente puede pasar por distintas etapas:

  1. Etapa de protección/sobreprotección: Al principio los familiares suelen reaccionar con amabilidad, afecto, ternura y apoyo, incluso tienden a sobreproteger realizando tareas que la persona deprimida ha dejado de realizar o ha dejado a medias debido a su apatía.
  2. Etapa de enfado: Cuando ha pasado un tiempo y la depresión no ha mejorado, sino que incluso ha empeorado, la sobrecarga a la que está sometida la familia, empieza a pasar factura y el afecto y delicadeza de la etapa anterior se puedo convertir en enfado, crispación y cansancio.
  3. Etapa variable: En esta etapa unos días se encuentran afectuosos y protectores, y otros vence el cansancio, la crispación y el enfado. Algunas veces se pueden sentir utilizados y pensar que la persona deprimida se comporta como un egoísta y un tirano, mientras que otras pueden sentirse culpables por perder la paciencia. Todo esto puede ir acompañado por el miedo a que esta situación no se termine nunca.

Es importante saber que aunque la forma de actuar de los familiares ante el problema puede ser importante para superar la depresión, ésta sólo remitirá cuando la persona deprimida aprenda una forma diferente de ver las cosas y a actuar en consecuencia, siendo ella misma la principal responsable del cambio. Esto no significa que sea fácil para la persona hacerlo sola, lo mejor es que cuente con la ayuda de un psicólogo que le guíe en su aprendizaje y le acompañe a salir de la situación. No obstante, la conducta de las personas con las que convive puede frenar o acelerar ese proceso de recuperación, por lo que es fundamental seguir las siguientes pautas:

  1. Entender el problema: Es fundamental que la familia entienda lo que está sucediendo. La apatía, el pesimismo, el malhumor y la irritabilidad no están bajo su control voluntario, sino que forman parte de la depresión y la persona no lo puede controlar. (Cómo una persona con catarro no puede controlar cuando tose).
  2. Eliminar enfados: Cuanto más entendamos a la persona con depresión, más fácilmente se controlaran los enfados.
  3. Premia las más pequeñas mejorías: Premiar hasta los comportamientos más insignificantes pero que sean «NO DEPRESIVOS», es decir, cada vez que la persona sonría, tome la iniciativa para hacer algo, aunque parezca algo poco importante, transmítele que estás encantado y que lo valoras. Esta es una herramienta muy potente.
  4. Retira su atención: Intenta no prestar atención a los comportamientos depresivos. Cada vez que llore, no preguntar (pero tampoco reprochar). Mantener el silencio de forma neutra, sin miradas acusativas ni reproches. Cuando deje de llorar o de quejarse, recuerda el apartado anterior, es tremendamente efectivo y hazle saber lo contento que estás de que haya controlado su situación. No sigas hablando de lo ocurrido y cambia la conversación hacia un tema neutro o agradable.
  5. Evita los sermones: Es decir, evitar hacerle razonar para que sea positivo, no funciona. Todo lo contrario, estos comentarios dirigen su atención hacia sus comportamientos depresivos y le provocará sentimientos de culpa que empeoraran la depresión.
  6. Proponer actividades: En general, cuantas más actividades pueda realizar, más mejorará su estado de ánimo. Sin embargo hay que ser muy cuidadoso con esto. Un ritmo demasiado rápido o actividades demasiado complejas o para las que la persona no está todavía preparada, pueden hacer que la persona se sienta frustrada e impotente, aumentando su sensación de ineficia personal y que como resultado, aumente la depresión.

El divorcio es proceso que puede durar meses, incluso años y para algunos no acaba nunca, siendo una de las experiencias más estresantes y dramáticas a las que puede enfrentarse un niño. A consecuencia de la separación el niño se va a ver privado de la presencia diaria de uno de los progenitores, generalemente el padre, además y debido a los cambios en la situación económica familiar, el niño se verá en algunos casos oblidado a cambiar de colegio, de domicilio, etc, con la consiguiete ruptura con amigos, compañeros, profesores, etc.

Cada niño responde a esta situación con comportamientos y emociones diferentes. Dependiendo de la edad, la capacidad de adaptación y la actitud de los padres podemos encotrar:

  1. Niños que presentan problemas de adaptación social con trastorno de ansiedad y agresividad o que manifiesta tristeza, depresión y/o culpa.
  2. Niños con buena adaptación social pero con actitudes manipulativas y oportunistas que favorecen los conflictos entre los padres para provecho propio.
  3. Niños con buena adaptación social y emocional.

Es importante que los padres tomen conciencia de que deben adoptar actitudes positivas evitando en lo posible las actitudes negativas que tanto perjudican a los niños, llegando a originarles trastornos de conducta y agresividad, irritabilidad, culpabilidad y conflictos de lealtad, disminución del rendimiento escolar, trastornos emocionales y problemas de adaptación en general.

 

¿Qué actitudes tomar?

1.Actitudes hacia el niño:

  • Debe saber que seguirá siendo cuidado, que aunque los padres no vivan juntos va a seguir obteniendo de ellos su protección y cariño.
  • Saber que su padre seguirá con él aunque no viva en la misma casa.
  • Dejarle claro que él no tiene la culpa, que el divorcio ha sido decisión de sus padres y que él no puede hacer nada para impedirlo.
  • Debe tener el «permiso» para querer a los dos padres.

2.Actitudes positivas entre los padres:

  • Evitar enfrentamientos entre los padres y que nunca surjan en presiencia de los hijos.
  • No realizar críticas hacia el padre ausente en presencia de los niños.
  • Limitar en lo posible los cambios en la rutina familiar.
  • Mantener siempre la relación entre los niños y el padre ausente.
  • Cuidar la salud física y psicológica de los padres. Si es necesario, buscar ayuda para adaptarse.

3.Actitudes negativas entre los padres:

  • Prolongar los conflictos y peleas de antes del divorcio.
  • Originar numerosos cambios familiares si no es extrictamente necesario (casa, colegio, sueño, comidas, horarios, etc).
  • Elevada conflictividad de los padres tras la separación (juicios, denuncias, policía, abogados, etc).
  • Ausencia física o emocional de alguno de los padres.
  • Permisividad excesiva para compensar el sentimiento de culpa.

Como padres deberemos mostrar un fuerte compromiso hacia los hijos, cooperando el uno con el otro y adoptando una actitud de unión por le niño. Parece dificil pero no es imposible.

 

Pilar Hernández Sánchez

Psicóloga Clínica

emociones y salud

EMOCIONES Y SALUD

La relación entre emoción y salud es cada vez más evidente. Las investigaciones han demostrado cómo las emociones negativas contribuyen a disminuir las defensas del sistema inmunitario y por lo tanto predisponen a contraer enfermedades. En cambio, las emociones positivas contribuyen a aumentar nuestras defensas, pudiendo funcionar como prevención. Se han identificado más de cuarenta enfermedades que pueden ser consideradas de carácter psicosomático, donde las emociones pueden jugar un papel importante, entre ellas el asma, las úlceras gástricas, las contracturas, la hipertensión crónica, los trastornos cardiovasculares, etc.

Además, la evidencia empírica ha puesto de manifiesto los efectos positivos de una buena gestión emocional en muchos aspectos de la vida, como por ejemplo una disminución de la ansiedad, el estrés, las conductas de riesgo, los conflictos, etc., junto con un aumento de la tolerancia a la frustración, de la resilencia y, en definitiva, del bienestar emocional.

A grandes rasgos, la inteligencia emocional es la habilidad para tomar conciencia de las emociones propias y ajenas, y la capacidad para regularlas. Para Góleman “la buena noticia es que la inteligencia emocional se puede desarrollar”.

Para Jon Kabat Zinn, la práctica continuada de mindfulness, hace que el intervalo entre el estímulo desencadenante y la respuesta emocional, se vaya haciendo cada vez más largo. Es decir se fomenta la evaluación reflexiva, dándonos tiempo para recapacitar y pensar cuál es la respuesta apropiada para la situación en que nos encontramos. Este mismo autor, define midnfulness como la capacidad de prestar atención de manera deliberada al momento presente, con aceptación y sin juicio.

Desarrolla tu inteligencia emocional a través de la meditación mindfulness. ¿A que estás esperando? Aprende a meditar. Una gestión emocional eficaz reduce el estrés, la ansiedad, mejora el estado de ánimo y en definitiva aumenta tu bienestar.

Cursos de mindfulness de 8 semanas. Más información.

Aunque no resulta sencillo, puedes ayudar a tu familiar con depresión. La depresión es un serio problema que inmoviliza y cambia a la persona que lo sufre. Las personas con depresión sufren una gran reducción de su calidad de vida. Dejan de hacer cosas que antes les agradaban ya que pierden gran parte de su capacidad para disfrutar, lloran a menudo, duermen mal, se sienten cansados y sin ganas de hacer cosas, están irritables, incluso a veces se quieren morir. Esto supone una situación muy desagradable para la persona que tiene depresión, pero también para la pareja o las otras personas con las que convive que a menudo se sienten desbordados por la situación no sabiendo como actuar.

La relación de la familia con la persona deprimida generalmente puede pasar por distintas etapas:

  1. Etapa de protección/sobreprotección: Al principio los familiares suelen reaccionar con amabilidad, afecto, ternura y apoyo, incluso tienden a sobreproteger realizando tareas que la persona deprimida ha dejado de realizar o ha dejado a medias debido a su apatía.
  2. Etapa de enfado: Cuando ha pasado un tiempo y la depresión no ha mejorado, sino que incluso ha empeorado, la sobrecarga a la que está sometida la familia, empieza a pasar factura y el afecto y delicadeza de la etapa anterior se puedo convertir en enfado, crispación y cansancio.
  3. Etapa variable: En esta etapa unos días se encuentran afectuosos y protectores, y otros vence el cansancio, la crispación y el enfado. Algunas veces se pueden sentir utilizados y pensar que la persona deprimida se comporta como un egoísta y un tirano, mientras que otras pueden sentirse culpables por perder la paciencia. Todo esto puede ir acompañado por el miedo a que esta situación no se termine nunca.

Es importante saber que aunque la forma de actuar de los familiares ante el problema puede ser importante para superar la depresión, ésta sólo remitirá cuando la persona deprimida aprenda una forma diferente de ver las cosas y a actuar en consecuencia, siendo ella misma la principal responsable del cambio. Esto no significa que sea fácil para la persona hacerlo sola, lo mejor es que cuente con la ayuda de un psicólogo que le guíe en su aprendizaje y le acompañe a salir de la situación. No obstante, la conducta de las personas con las que convive puede frenar o acelerar ese proceso de recuperación, por lo que es fundamental seguir las siguientes pautas:

  1. Entender el problema: Es fundamental que la familia entienda lo que está sucediendo. La apatía, el pesimismo, el malhumor y la irritabilidad no están bajo su control voluntario, sino que forman parte de la depresión y la persona no lo puede controlar. (Cómo una persona con catarro no puede controlar cuando tose).
  2. Eliminar enfados: Cuanto más entendamos a la persona con depresión, más fácilmente se controlaran los enfados.
  3. Premia las más pequeñas mejorías: Premiar hasta los comportamientos más insignificantes pero que sean «NO DEPRESIVOS», es decir, cada vez que la persona sonría, tome la iniciativa para hacer algo, aunque parezca algo poco importante, transmítele que estás encantado y que lo valoras. Esta es una herramienta muy potente.
  4. Retira su atención: Intenta no prestar atención a los comportamientos depresivos. Cada vez que llore, no preguntar (pero tampoco reprochar). Mantener el silencio de forma neutra, sin miradas acusativas ni reproches. Cuando deje de llorar o de quejarse, recuerda el apartado anterior, es tremendamente efectivo y hazle saber lo contento que estás de que haya controlado su situación. No sigas hablando de lo ocurrido y cambia la conversación hacia un tema neutro o agradable.
  5. Evita los sermones: Es decir, evitar hacerle razonar para que sea positivo, no funciona. Todo lo contrario, estos comentarios dirigen su atención hacia sus comportamientos depresivos y le provocará sentimientos de culpa que empeoraran la depresión.
  6. Proponer actividades: En general, cuantas más actividades pueda realizar, más mejorará su estado de ánimo. Sin embargo hay que ser muy cuidadoso con esto. Un ritmo demasiado rápido o actividades demasiado complejas o para las que la persona no está todavía preparada, pueden hacer que la persona se sienta frustrada e impotente, aumentando su sensación de ineficia personal y que como resultado, aumente la depresión.

El divorcio es proceso que puede durar meses, incluso años y para algunos no acaba nunca, siendo una de las experiencias más estresantes y dramáticas a las que puede enfrentarse un niño. A consecuencia de la separación el niño se va a ver privado de la presencia diaria de uno de los progenitores, generalemente el padre, además y debido a los cambios en la situación económica familiar, el niño se verá en algunos casos oblidado a cambiar de colegio, de domicilio, etc, con la consiguiete ruptura con amigos, compañeros, profesores, etc.

Cada niño responde a esta situación con comportamientos y emociones diferentes. Dependiendo de la edad, la capacidad de adaptación y la actitud de los padres podemos encotrar:

  1. Niños que presentan problemas de adaptación social con trastorno de ansiedad y agresividad o que manifiesta tristeza, depresión y/o culpa.
  2. Niños con buena adaptación social pero con actitudes manipulativas y oportunistas que favorecen los conflictos entre los padres para provecho propio.
  3. Niños con buena adaptación social y emocional.

Es importante que los padres tomen conciencia de que deben adoptar actitudes positivas evitando en lo posible las actitudes negativas que tanto perjudican a los niños, llegando a originarles trastornos de conducta y agresividad, irritabilidad, culpabilidad y conflictos de lealtad, disminución del rendimiento escolar, trastornos emocionales y problemas de adaptación en general.

 

¿Qué actitudes tomar?

1.Actitudes hacia el niño:

  • Debe saber que seguirá siendo cuidado, que aunque los padres no vivan juntos va a seguir obteniendo de ellos su protección y cariño.
  • Saber que su padre seguirá con él aunque no viva en la misma casa.
  • Dejarle claro que él no tiene la culpa, que el divorcio ha sido decisión de sus padres y que él no puede hacer nada para impedirlo.
  • Debe tener el «permiso» para querer a los dos padres.

2.Actitudes positivas entre los padres:

  • Evitar enfrentamientos entre los padres y que nunca surjan en presiencia de los hijos.
  • No realizar críticas hacia el padre ausente en presencia de los niños.
  • Limitar en lo posible los cambios en la rutina familiar.
  • Mantener siempre la relación entre los niños y el padre ausente.
  • Cuidar la salud física y psicológica de los padres. Si es necesario, buscar ayuda para adaptarse.

3.Actitudes negativas entre los padres:

  • Prolongar los conflictos y peleas de antes del divorcio.
  • Originar numerosos cambios familiares si no es extrictamente necesario (casa, colegio, sueño, comidas, horarios, etc).
  • Elevada conflictividad de los padres tras la separación (juicios, denuncias, policía, abogados, etc).
  • Ausencia física o emocional de alguno de los padres.
  • Permisividad excesiva para compensar el sentimiento de culpa.

Como padres deberemos mostrar un fuerte compromiso hacia los hijos, cooperando el uno con el otro y adoptando una actitud de unión por le niño. Parece dificil pero no es imposible.

 

Pilar Hernández Sánchez

Psicóloga Clínica

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